El diario del Pibito Barro: Día 13

“Voy hacer de cuenta que nunca te fuiste. Que has ido de viaje y nada más. Y con tu recuerdo, cuando esté muy triste, le haré compañía a mi soledad.”

 

 

Hoy me levanté con ese tema de Marco Antonio Solís taladrándome la cabeza.

 

 

La vieja madrugó y arrancó con la música desde temprano. No sé cuántas veces escuchó la misma canción. Insoportable.

 

 

Pero no le dije nada. Si esa canción le gusta tanto y la hace feliz, quién soy yo para decirle algo y cortarle el mambo.

 

 

La vieja es vergonzosa pero cuando piensa que está sola o que yo estoy durmiendo, canta. Lo hace tan lindo...

 

 

Cuando la escucho cantar, me transporto a mis diez años. Me veo caminando en cuatro patas como Cumbia, el perrito que teníamos en esa época, yendo, sin hacer ruido, a esconderme por debajo de la mesa del comedor para espiar a la vieja y el viejo cantar y bailar al ritmo de los Bukis. Que era el grupo en donde cantaba antes Marco Antonio.

 

 

La música los unía. Podían discutir durante horas y decirse las cosas más horribles -de esas que después te arrepentís de haber dicho y que con el tiempo son dolores en el corazón difícil de sanar-. Peleaban mucho. Más cuando el viejo llegaba roto y sin guita porque se la había patinado en escabio, dejándonos sin comer por unos días.

 

 

Pero cuando sonaba en el comedor “Cómo fui a enamorarme de ti”, la canción preferida de ellos, recuerdo patente que yo debajo de la mesa miraba los pies de mamá y papá tan juntos que me los imaginaba abrazados tan cerca uno del otro, que dejaban de ser dos para ser uno.

 

 

Hoy mamá canta sola.

Ya no baila.

 

 

Cada tanto su voz queda en silencio mientras la canción corre y a mí me gusta pensar que mamá completa ese hueco con la voz de papá.

 

 

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