El Diario del Pibito Barro: Día 19

El Tanito me verdugueó toda la tarde. Se enteró que ando en la plaza laburando con el Gallego y vino a descansarme. Tuve que dejarlo que me boconeara de más y cerrar el culo mientras compraba un par de garrapiñadas. No quería bardearla frente al Gallego y perder la changa por esa gilada. Ya lo voy a agarrar en la esquina y le voy a poner los puntos por atrevido.

 

El Tanito siempre fue así: un barderito. De guachín siempre andaba con la gomera en el bolsillo. De grande, con el fierro en la cintura. Respetado por toda la villa por haberse tiroteado con la gorra en una salidera y bajar a un poli.

 

Fue mi amigo y digo “fue” porque con el tiempo nos distanciamos. Mis primeros porros en la escuela fueron con él. En los recreos se hacía el tranza y nos vendía los prensados que les afanaba al viejo.

 

El Tanito no es mal pibe, pero le gusta la joda, la noche y la plata fácil. Y cuando está duro, es un peligro. A todos los garcó con plata. Los chamuya que va al bajo a comprar merca y los duerme.

 

Mi pelea con él no vino por eso. A mí me cagó de otra forma. Me hizo creer que entraba a un almacén a comprar una birra y en verdad entró a meter caño. Me obligó a hacer de campana por si caía la yuta.

 

Después de esa secuencia le corté el mambo, la amistad y no hablamos más. Por eso me jode, y más porque hace años que no le doy cabida, que me venga a bardear así… un gil bárbaro.

 

Sabe que no le tengo miedo, que nos conocemos de pibitos. Conmigo no se va hacer el chorro.

 

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