El Diario del Pibito Barro: Día 45

La Vieja me sacó la ficha al toque. Sabe que cuando me compro el desodorante Axe Marine, es porque estoy en una jugada amorosa. Me olió de lejos y arrancó a verduguearme. Toda la mañana estuvo así. Re gede. Pero cuando le dije que ya me voy a ir con una linda guacha a formar mi propia familia y que ella va quedar sola, se rescató y no habló más.

 

La Vieja le tiene un cagazo bárbaro a la soledad ¿Quién no, en verdad?

 

Desde que el Viejo se murió, la mitad de ella también. Creo que cuando decida en algún momento irme, la Vieja no va a soportar tanto silencio en la casa. Solita un día va a venir a despedirse. Nos vamos a juntar en la plaza, vamos a comer unas facturas, tomar unos mates y cuando llegue la noche, me va a dar un beso en la frente con los ojos brillosos. Yo le voy a agradecer por la vida que me dio y le voy a pedir que salude al Viejo de mi parte.

 

No quería escribir sobre la muerte, pero tanto el amor como la muerte van de la mano. La muerte y el amor no avisan cuándo llegan. De prepo se te meten en el cuerpo y ya no podés hacer nada. Lo disfrutás y lo padecés.

 

Para muchos en la villa la muerte es una salvación, por eso no le tienen miedo. Pero qué piola sería que el amor nos saque el miedo, sea nuestra salvación y escudo para soportar tanto dolor que a veces tenemos. Y si tenemos que morir que sea de amor y no de miedo.

 

 

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