El Diario del Pibito Barro: Día 52

Altos temas canta Shakira. Hay uno que se llama “¿Dónde están los ladrones?” que está re zarpado. Creo que es uno de mis preferidos. Al Luchito también le gusta, pero más le caben los romanticones. Detrás de esos pelos y los cien kilos de amor que lleva puesto, se esconde un guachín que nunca olvidó a su primer amor.

 

 

Luchito mientras amasa, canta despacito las canciones que suenan en la radio. Se las sabe todas, es una rockola humana.

 

 

Por suerte no canta nada mal, no será Marco Antonio Solís, pero la pilotea bastante bien. El otro día me confesó mientras mateabamos, que su sueño siempre fue ser cantante. El viejo siempre se lamentó no haber podido llevarlo a estudiar canto, obvio la guita no alcanzaba para esos lujos. Así que a Luchito no le quedó otra que aprender de oído.

 

 

De guachín fue monaguillo de la capilla que tenemos en la villa. Ahí el cura Osvaldo le enseñó algo de canto. El curita cantaba piola, tenía un alto vozarrón. En las misas, antes del momento de las hostias, siempre cantaba una canción con Luchito. El señor de Galilea era el hit. Pero lamentablemente el cura Osvaldo estuvo poco tiempo en el barrio. Se tuvo que tomar el palo cuando saltó la ficha que se movía a la esposa del comisario Carlos.

 

 

Dicen las chusmas del barrio que lo mandaron a Córdoba. A un pueblito que se llama Unquillo. Pero nadie sabe si es posta, el comisario fue un par de veces a buscarlo y nunca lo encontró. Un cobani con ganas de vengarse es una de las peores cosas del mundo.

 

 

Ojalá nunca encuentre al curita Osvaldo. Era buen tipo, ayudaba en la villa haciendo colectas y armaba ollas populares para todas las fiestas. En cambio, el cura nuevo tiene cara de gato y violín.

 

 

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