Mírenme, soy feliz Moron invita a celebrar a María Elena Walsh

En el marco de la reapertura de Casa Museo María Elena Walsh, el Municipio de Morón celebra un nuevo aniversario del nacimiento de la artista en el distrito el 1 de febrero de 1930. En ese marco, desde este jueves 1 al domingo 4 de febrero se realizarán actividades culturales en su casa natal de Villa Sarmiento, donde funciona el museo con muestra permanente que recrea su vida y obra.

 

 

Como parte del festejo habrá shows musicales, obras de teatro, espectáculos de narración, cuentos y talleres. El lugar donde nació la cantautora está ubicado en 3 de Febrero 547 de la localidad de Villa Sarmiento y fue recuperado y restaurado por el estado local que lo convirtió en un espacio dedicado a la cultura y la recreación.

 

 

Con esta serie de actividades, además, quedará abierto nuevamente al público el espacio que estuvo cerrado durante enero por el receso de verano. A partir de la semana próxima, la casa estará abierta de miércoles a domingo de 11 a 18.

 

 

El acto central por el natalicio de la artista será este jueves 1 a las 16:30 y la entrada es libre y gratuita. Conocé el cronograma completo de actividades:

 

 

Jueves 1/2

 

-Acto oficial Intendencia y Fundación María Elena Walsh.

 

-Fernando Tur // 17HS

 

-Cuentos y Canciones de Maria Elena Walsh // 17.45hs

 

 

Viernes 2/2

 

- Narraciones con Belén Torras // 17hs

 

- Marelen Cirkus Walsh // 18.30hs

 

 

Sábado 3/2

 

- Narraciones con Belén Torras // 17hs

 

- Puertas abiertas siempre, 40 años de Democracia // 17.45hs

 

- Taller ‘Tiempo de Jugar’, coordinado por Cantando Bajito // 18.30hs

 

- Los Rockan Banda // 19hs

 

 

Domingo 4/2

 

- Cuentos a Cuerda // 17hs

 

- Taller de Música Infantil con repertorio de María Elena Walsh // 18hs

 

- Marelen Cirkus Walsh // 19.30hs

 

 

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El Diario del Pibito Barro: Día 60

¿Qué hacer cuando la tristeza te invade el rancho?

 

Hoy estuve todo el día con unas ganas de llorar que no sé de dónde mierda viene. Luchito creo que se dio cuenta y no me dijo nada. No me habló en casi toda la mañana. Solo se dedicó a cebarme mate y eso ya es rarísimo, porque el que siempre ceba soy yo. Es más, no le puso ninguno de esos yuyos horribles que suele usar. El mate fue amargo, sin cosas raras, como me gusta a mí. Quizá mambeo de más, pero creo que ese gesto fue porque me vio bajón y quiso segundarme mateando piola.

 

No sé qué me pasa… Hay algo dentro mío que llora y no sé por qué. No es un dolor de cuerpo, ojalá fuese eso. Porque me clavo una pasta y listo, se va. Este dolor es diferente, como si me faltase algo…

 

La Vieja me dijo una vez que estamos hechos de todas esas personas que alguna vez amamos. Hoy siento que me falta un pedacito de alguien. Tengo un hueco, cerquita del pecho, por donde está entrando un viento frío y húmedo que sopla y pega fuerte en todo el cuerpo.

 

Dejo de escribir acá. Y no es porque no quiera seguir sino porque tengo una lágrima a punto de escapar y no quiero que caiga sobre el papel.

 

 

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El Diario del Pibito Barro: Día 59

Observar a las personas es algo que hago desde hace años. Me gusta ir a la plaza, preparar unos mates y quedarme pillo mirando a la gente. Puedo estar horas en esa secuencia.

 

 

Con el tiempo aprendí a sacarle más o menos la ficha a la gente. No me baso en la ropa, en qué están haciendo ni en las palabras que usan al hablar sino en los gestos y en los silencios. Cuando una persona no habla, se queda en el molde y simplemente está perdida en un pensamiento… Es en ese momento cuando se filtra la verdad de lo que somos.

 

 

No sé bien cómo mierda explicarlo. Mi Viejo decía: “A las personas no hay que escucharlas cuando hablan. Hay que mirarlas atentamente como si estuvieses mirando por primera vez al mar. Al principio es un flash, no podés entender cómo toda esa agua no decide matarnos. Nos impone respeto y miedo. Y si decidís meterte al mar, sabés que hay una posibilidad, que si te pasás de vivo, te deja flotando, sin vida y te devuelve a la orilla para que todo el mundo sepa que con él no se jode.”

 

 

El Viejo conoció el mar de grande. De pibito nunca tuvo vacaciones. Recién cuando pegó un laburo piola: reventó con su banda un camión blindado que llevaba toda la guita del mes de un banco Nación, nos llevó a la costa. Alquiló un departamento dos semanas en Santa Teresita.

 

 

Después de ese viaje, el viejo se rescató un rato. El mar, por alguna razón, le hizo bajar unos cambios. Le prometió a la Vieja que iba a dejar de afanar. Promesa que duró menos que una birra con los pibes en la esquina. A las tres semanas, estaba en la joda de nuevo.

 

 

Al Viejo siempre le gustó punguear. Lo hacía desde que era guachín. Su viejo, abuelo que nunca llegué a conocer, se lo había enseñado como un juego. Punguear, para mi viejo, siempre fue eso: un juego. Se divertía, nunca lo vio como algo malo. Cuando creció y se dio cuenta de que era una gilada, lo dejó de hacer. A mí nunca me lo enseñó, ni me alentó a hacerlo. Pero más de una vez me dijo: “si lo vas a hacer, acordate del mar…”

 

 

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