Histórica incorporación de residentes al sistema de salud bonaerense

1.137 profesionales de la salud que terminan sus residencias a fin de mes pasarán a planta permanente en forma automática a partir del 1° de octubre en hospitales públicos bonaerenses. En total en lo que va del 2020, los hospitales ce la Provincia fueron reforzados con 8.970 trabajadores, entre profesionales y no profesionales.

 

 

“Es un hecho histórico: por primera vez en la provincia de Buenos Aires se les da esta oportunidad a los residentes. Esto posibilita fortalecer el sistema de salud en 83 especialidades”, explicó el ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollan.

 

 

La oportunidad se les ofreció al 100% del total de residentes que finalizan su formación y el 72% aceptó.

 

 

Gollán expresó que este “era un compromiso que asumió el gobernador (Axel Kicillof) cuando iniciamos la gestión: que los residentes que se forman con el esfuerzo de las ciudadanas y los ciudadanos de la Provincia puedan seguir desarrollando sus actividades en los hospitales públicos”.

 

 

Mario Rovere, actual director de la Escuela de Gobierno en Salud “Floreal Ferrara” de la cartera sanitaria bonaerense destacó que “en un acontecimiento inédito, se le haya ofrecido al 100% de los residentes la posibilidad de quedarse en los servicios de la Provincia. La gran mayoría aceptó, lo cual nos pone muy contentos”.

 

 

Durante este año, la gestión resolvió otra demanda histórica: la Provincia incorporó 5.890 trabajadores y trabajadoras a los hospitales públicos, regularizando la situación de miles de precarizados.

 

 

En total, con los incorporados por la pandemia (5.890), los residentes que pasan a planta (1.137) más los nuevos residentes que comienzan su formación en servicio en octubre (1.943), en lo que va del 2020, los hospitales públicos bonaerenses habrán sumado 8.970 nuevos trabajadores entre profesionales y no profesionales.

 

 

Entre ellos, revisten médicos de múltiples especialidades, enfermeros, bioquímicos, psicólogos, especialistas en diagnóstico por imágenes y agentes de muchas otras disciplinas indispensables para que el sistema sanitario tenga la capacidad de dar la mejor atención integral posible en salud.

 

 

Rovere agregó que “el 2020 es un año muy especial para el sistema de residencias. Primero se ha consolidado el examen único en todo el país, un sistema que permite ordenar de una manera distinta lo que antes era una puja entre jurisdicciones. Se ha cambiado el calendario, por lo cual los residentes que terminan se han quedado cuatro meses más y esto ha sido clave para enfrentar la pandemia. Además, no se puso en riesgo a los nuevos ingresantes y el sistema de salud ha aprovechado la experiencia de los residentes de los últimos años”.

 

 

Finalmente, dijo que por primera vez el examen fue virtual y la convocatoria fue un éxito: “En octubre, el ministerio de Salud provincial recibirá a los nuevos residentes de primer año con un curso virtual que se realizará entre el 7 y el 10 del mes que viene”.

 

 

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2016-2019: subas de tarifas exorbitantes, falta de inversión y ganancias extraordinarias de las empresas de Energía

Un informe bonaerense evidencia que, durante el período 2016-2019, las empresas distribuidoras de energía aplicaron ajustes tarifarios que representaron aumentos en las facturas de los usuarios de entre 2.000% y 3.500% en apenas tres años. El fuerte aumento no significó mayores inversiones ni ejecuciones de obras; en cambio, se verificó un crecimiento sustancial en la distribución de dividendos empresarial.

 

 

La Subsecretaría de Energía del Ministerio de Infraestructura y Servicios Públicos realizó el análisis de la última Revisión Tarifaria Integral (RTI) y del cumplimiento de las inversiones comprometidas por parte de las empresas distribuidoras de energía eléctrica de la provincia de Buenos Aires.

 

 

El resultado de este informe demuestra que en los últimos años se autorizaron aumentos injustificados de las tarifas de energía eléctrica que no fueron acompañados de responsabilidades de inversión por parte de las empresas.

 

 

El informe evidencia que, durante el período 2016-2019, las empresas distribuidoras aplicaron ajustes tarifarios que, sumados a la fuerte quita de subsidios a nivel nacional, representaron aumentos en las facturas finales de los usuarios que oscilaron en promedio entre 2.000% y 3.500% en apenas tres años.

 

 

Sin embargo, este fuerte incremento no significó mayores inversiones en la red de distribución ni ejecución de obras en las instalaciones.

 

 

En concreto, a pesar de que el monto reconocido de inversión incluido en las tarifas fue de $12.092 millones, no hubo un cronograma de ejecución de las obras pautadas, ni tampoco procedimientos sancionatorios en caso de incumplimiento de las mismas.

 

 

De hecho, en los informes aprobados en ese período sobre el nivel de inversiones, se identificaron errores metodológicos que modificaron los resultados. Esa falta de inversión quedó reflejada en la mala calidad y confiabilidad del servicio que presentó en los últimos cuatro años numerosos eventos de interrupción del servicio eléctrico. 

 

 

El fuerte aumento de las tarifas y el bajo nivel de inversión y mantenimiento de la red, tuvo como resultado un crecimiento sostenido de las ganancias de las distribuidoras eléctricas. El extraordinario crecimiento patrimonial, producto de la RTI, tuvo su correlato en el crecimiento de los resultados: las cuatro empresas distribuidoras aumentaron sus ganancias entre 2015 y 2018, entre 498% y 644%.

 

 

Los mayores resultados, lejos de destinarse a mejoras en la red se vieron reflejados en el crecimiento sustancial de los dividendos distribuidos, los cuales entre 2016 y 2019 acumularon un monto de 309 millones de dólares.

 

 

La falta de control fue otro rasgo distintivo que se analiza en el informe. A partir del abandono durante los últimos cuatro años que sufrió el Organismo de Control de la Energía Eléctrica de la provincia de Buenos Aires, no existió por parte del Estado la implementación de los controles establecidos por la normativa vigente. Sólo se realizaron el 3% de las auditorías técnicas reglamentarias y el 10 % de las comerciales. Tampoco se implementó por parte de la autoridad de aplicación la contabilidad regulatoria, herramienta fundamental de control sobre la gestión de las empresas.

 

 

El informe es concluyente: el modelo de tarifas altas para usuarios no significó una mejora en la calidad de la prestación del servicio. Si a eso se suma un Estado que abandonó su función de control y seguimiento sobre la ejecución y la inversión de obras, el resultado fue una ganancia millonaria para las empresas distribuidoras de energía eléctrica y un claro perjuicio para los habitantes de la Provincia de Buenos Aires.

 

 

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Elogio del Conurbano

Por Sergio De Piero

Politólogo, director del Instituto de Ciencias Sociales y Administración de la UNAJ

 

 

En el cuento “El calamar opta por su tinta”, Adolfo Bioy Casares incluye como parte de la narración una breve historia del pueblo donde suceden los hechos, la cual cierra con esta frase: “y el peligro del malón, que si bien no se concretaría nunca, mantuvo a la gente en jaque a lo largo de un lustro en que partidos limítrofes conocieron la tribulación por el indio.” Las percepciones han variado poco. Desde hace unos días los grandes medios volvieron a ofrecernos al conurbano como zona de delitos, de violencia, de crímenes. Es cierto que el empeño esta vez logró expandirse geográficamente y eligió algunas playas bonaerenses, no todas solo algunas y jamás sabremos el criterio de esa elección, para advertirnos que se estaban movilizando miles de personas dispuestas a tomar también las casas de veraneo. Todo exactamente igual que la historia que Bioy Casares refería al malón que nunca llegaba.

 

 

Casi desde que existe el conurbano bonaerense, ese anillo incompleto que bordea la Capital Federal es pensado, imaginado, definido como un lugar de horror, miseria, fracaso. Pero esas conclusiones son dichas principalmente por los otros, porque como suele ocurrir con los sectores con menos recursos de poder, son “hablados por los otros”. Porque el centro además de concentrar poder, y con él recursos económicos, define la identidad de la periferia y en una operación quirúrgica separa las partes que definirán el todo.

 

 

Así el Gran Buenos Aires es robo, secuestros, producción y venta de paco, desarmaderos de autos robados, toma de tierras, fábricas y comercios ilegales… prácticamente toda una representación del código penal. Porque cuando los medios envían un móvil a Quilmes, San Martin, Florencio Varela o Moreno, será para informarnos sobre algún hecho de esas características, porque nada bueno viene del conurbano. En realidad no tiene la exclusividad porque a medida que surgen nuevos, puede ser en Rosario, Córdoba o Resistencia, las miradas se repiten al igual que los juicios. Lo dijo el año pasado en campaña el ex senador Miguel Angel Pichetto: “El punto neurálgico de los problemas argentinos, el lado oscuro de la Argentina que es el Conurbano bonaerense.” Bien resume esa expresión todo lo que se mencionó antes. Lo oscuro, las luces el centro, frente a la oscuridad de los barrios, de las villas.

 

 

No es casual tampoco que “el aluvión zoológico” llegara mayormente del mismo conurbano un día de 1945. De las fracturas que tiene nuestro país aquí nos topamos con una persistente: décadas afirmando que el origen de nuestros problemas, como si ellos tuvieran una sola matriz, es la existencia del conurbano.  Las noticias ahora son sobre toma de tierras de manera masiva y planificada. Todo eso existe y no solo en esta zona, por cierto. El delito “común” y el crimen organizado están desde hace mucho tiempo entre nosotros, como también las situaciones de vida crítica, la falta de trabajo, la informalidad y algún etc. más. Desde la dictadura en que la matriz económica comenzó a girar hacia la supremacía del sector financiero y Argentina restringió su capacidad productiva industrial fueron cambiando y emergiendo algunas de esas realidades.

 

 

¿Qué era el conurbano hace 40 – 50 años? Un cúmulo de fábricas, de barrios obreros, de trabajo y producción, también con sus problemas sociales, sus conflictos. La fábrica fue su marca registrada, su paisaje urbano y el signo de su crecimiento. A tal punto que la actual catedral de la Iglesia Católica en Avellaneda, construcción iniciada hace unos 50 años, emula en sus torres las chimeneas de una fábrica. El conurbano, como los que existen en otros países subdesarrollados en derredor de El Cairo, San Pablo, o México DF, (todos más poblados que el nuestro) cruzan esas marcas que deja el intento industrializador, con las características propia de economías dependientes. Pero al menos había en ellos durante el modelo de sustitución de importaciones, una búsqueda de desarrollo con las limitaciones del caso.

 

 

Sin embargo hay un detalle que se recuerda poco. Juan Domingo Perón imaginó ese crecimiento urbano a tal punto que, cuando expropió la estancia de Pereyra Iraola, en el partido de Berazatagui, y lo convirtió en un parque – reserva natural,  lo pensó como un cordón verde entre dos manchas urbanas: la proveniente de Buenos Aires y la que se extendería desde La Plata. Algo difícil de pensar en aquella época, es hoy un cordón clave en el presente en favor del ambiente. De modo que aun con un crecimiento intenso, se planificaba como reducir el impacto ambiental…hace 70 años.

 

 

Pero el fin de ese modelo trajo aparejado un conurbano mucho más complejo, con un incremento de la desigualdad, los problemas de hábitat, la inseguridad, el desempleo. El primer impacto fue pura violencia sobre la sociedad librada a su suerte. Pero cuando empezó a transcurrir el tiempo el conurbano también empezó a pensar su propia reconstrucción. Los municipios generan hoy mucha más políticas públicas que hace 40 años; intervienen en sus competencias, pero se han expandido más allá de ellas, con nuevas ideas para pensar el desarrollo en los grandes centros urbanos y sus temas claves: la producción, el empleo, el medio ambiente, la salud, la participación ciudadana. Nos falta, como ya se ha dicho, profundizar políticas metropolitanas. La economía solidaria/social/popular, cualquiera sea el énfasis ha generado respuestas a una economía transformada creando empleo y producción. Difícil contar todos los emprendimientos que existen, pero lo que hace algunas décadas parecía ser solo una respuesta a la emergencia, comienza a plantear la discusión de un subsistema en la economía.

 

 

Y las universidades, no podría no referirme a ellas. En el Gran Buenos Aires existen 17 universidades nacionales, 14 de ellas creadas en los últimos 30 años; son una muestra de la reconstrucción en muchos aspectos: sus sedes se montaron sobre fábricas o talleres ferroviarios cerrados o  sedes de empresas estatales privatizadas. Lo viejo se convierte en cimiento de lo nuevo. Centenares de investigadoras/es y docentes encontraron en ellas un lugar de trabajo y producción. Y por sobre todo: para miles de jóvenes se abrió una ventana de crecimiento que parecía impensada y en su propio territorio. Lo estamos viendo en esta pandemia con el aporte de los departamentos de salud de esas universidades, pero también en otras áreas.

 

 

Ese es el conurbano que piensa en su propio futuro y que afortunadamente no se detiene a escuchar lo que dicen de él. 

 

 

Fuente: El Destape Web

 

 

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